• 03 de February de 2026
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El placer es efímero, la felicidad perdura

El placer se alimenta de la dopamina, un químico que nos provoca momentos fugaces de euforia, como un fuego artificial que ilumina brevemente el cielo antes de desvanecerse en la oscuridad. Pero esa sensación intensa no es suficiente para llenar el vacío interior; solo deja un deseo insaciable de más descargas.

La felicidad, en cambio, se construye con serotonina y oxitocina. La serotonina surge cuando encontramos paz y estabilidad, cuando aceptamos el presente sin ansiedad ni miedo. Es una sensación profunda de bienestar que no depende de estímulos externos. La oxitocina, la hormona del amor y la conexión, se libera en los abrazos, las palabras cálidas y la compañía sincera. Es el pegamento invisible que nos une y nos fortalece.

No persigas sombras ni espejismos; busca lo real y duradero. Reinventa tus días poniendo atención en ti mismo y en los demás, cultiva la serenidad y el cariño. Ahí está la felicidad auténtica, silenciosa pero poderosa, que no te abandona cuando la luz del placer se apaga. Elige vivir con profundidad, y descubrirás que la felicidad no es un destino, sino una forma de andar.